La noche anterior pasé en San Juan de Ortega, al pie de los Montes de Oca, saliendo al amanecer con la intención de llegar a Burgos, a una distancia de 26 kilómetros, antes del calor de la tarde. Pero el Camino tiene su propia agenda. Una parada en el Albergue San Rafael en Agés, con la intención de solo saludar a la hospitalera Ana María, conocida en mi caminata anterior, se convirtió en una conversación animada de una hora y media sobre peregrinos, en su cocina, mientras me preparaba un desayuno típico de la región.
A medio día, unos 10 kilómetros más adelante, me encontré con varios amigos peregrinos, lo que produjo otra parada y las cervezas de costumbre. Llegué finalmente a Burgos - la "capital gótica" de España - exhausto, y un poco abrumado por la conmoción y elegancia de la ciudad, después de la paz y sencillez del campo y las capillas románicas de pueblos más pequeños.

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