Trajo recuerdos también de otra fiesta, la del carnaval de Oruro, que celebramos varias veces con íntimos amigos, algunas veces acompañando a nuestras hijas que formaron parte del Grupo de San Simón de Cochabamba, bailando a unos 3,700 metros sobre el nivel del mar, en tacos altos sobre calles empedradas, por tres o cuatro horas, hasta llegar al Santuario de la Virgen del Socavón. Después de asistir y participar en el carnaval de Río, no me pude imaginar nada mejor. Pero la experiencia del de Oruro me abrió a otro mundo.
También me quedé impresionado por el hecho de que, en mi primera experiencia en Oruro en 1995, el Presidente de la República estaba sentado con la Primera Dama, el Vice Presidente y su señora, en medio de la plaza central, sin virtualmente ninguna seguridad, casi como cualquier otro miembro del pueblo, disfrutando de la fiesta.
En cuántos países del mundo podría el presidente estar tan expuesto sin ningún riesgo, en 1995, y ahora, casi 20 años después?
David Atkinson

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